Bogando a la deriva

Bogando a la deriva

Paso por las galerías desiertas,
llenas de cristales limpios.
Yo las miro y las miro,
pero no me traen de vuelta
más que del sol sus brillos;
si acaso, alguna figura yerta.

¿Será que voy a la deriva
como un barco en la mar?
Boga, boga con alegría:
que a ningún puerto ha de arribar.

Y luego paso por las calles,
Benditas iglesias y divinas plazas.
En el suelo caídas las naranjas
las piedras lamen y almibaran,
con su lengua de acibar amarga.
Pero, al fin, ¿a quién le ha de importar?

A nadie.
A nadie le importa ya,
que las olas no tengan agua,
que las mareas estén vacías,
que los peces mueran de hastío
en la inmensa soledad del mar.

¿Qué más dará?
El barco a la deriva,
aunque bogue toda la vida,
a la deriva va.

Luis Aparicio Díaz

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