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Muerte de una Paloma

 

 

¿Y tú me preguntas, amigo

cómo se muere una paloma?

 

Se muere con humildad callada,

noble, gallarda y con  la cabeza alta.

Se muere pisando el suelo,

para surcar unos aires nuevos.

 

¿Y tú me preguntas, amigo

cómo se muere una paloma?

 

Se muere arrimada a un muro,

no quiere estorbar en el mundo.

Con la placidez de animal sencillo,

con ojos serenos, sin ruido.

 

¿Y tú me preguntas, amigo

cómo se muere una paloma?

 

La paloma se va tranquila,

ya no tiene miedo a la muerte.

El temor, amigo,  no domina,

a quien de cierto sabe que se muere.

Luís Aparicio Díaz

 

 

 

Eurocopa 2008

Como sabemos, entre los días 7 y 29 del pasado mes de Junio tuvo lugar en los hermosos países de Austria y Suiza la Copa de Europa de selecciones nacionales de fútbol, coloquialmente conocida como Eurocopa. Pues bien, parte del torneo, la que se desarrolló entre los días 17 y 23, tuvo como espectadores de excepción a un equipo de corresponsales de VaS. Se tratará a continuación de hacer un pequeño resumen de la bonita experiencia vivida.

Antes de arrancar, decir que se espera una crónica complementaria del amigo Bari, ya que es él quien posee la mayor parte del material gráfico generado. Las fotos ofrecidas en este artículo son propiedad de su autor y fueron tomadas con la modesta cámara de su teléfono móvil de oficina.

La mañana del 17 de Junio, el equipo de VaS salía desde su domicilio madrileño en dirección a la T4 de Barajas. No había en ese momento demasiado buen humor, mezcla del madrugón sufrido y de las bajas de última hora del equipo, que fue con un miembro menos del previsto. Los componentes de la histórica expedición fueron: Álvaro, conocido como Bari, de origen sevillano y bastante conocido en el mundillo VaS; Diego, asturiano de nacimiento, compañero de trabajo de Ignacio en Trujillo, y yo, Antonio, sevillano al igual que mi amigo Bari y miembro también de esta peña de VaS.

En la T4 tomamos el avión dirección al aeropuerto de Múnich, donde a la llegada debíamos dirigirnos al pequeño pueblo de Markt-Schwaben en el que nos esperaba la gran estrella del viaje: la autocaravana que había sido alquilada para la ocasión y que nos iba a servir tanto de medio de locomoción como de alojamiento. Teníamos algo de estrés porque saliera bien esta parte del viaje, ya que condicionaba mucho el desarrollo posterior del mismo. No disponer de la autocaravana habría cambiado por completo el planteamiento del viaje: habríamos tenido que hacernos con tiendas de campaña y habríamos tenido que alquilar un coche para llegar a Salzburgo y Viena, donde queríamos ir para ver los partidos de España. Nada más llegar a Munich sufrimos un contratiempo: el Google Maps nos jugó una mala pasada y nos sacó una calle con el mismo nombre que la que era la sede de la tienda de alquiler de autocaravanas. Nos dirigimos en taxi a la calle equivocada (51 € del ala) desde el aeropuerto y obviamente no vimos rastro de la tienda. Decir como anécdota que en el sitio donde esperábamos la tienda había un chalet particular. Más tarde, un paisano de allí nos explicó que la calle que nos había sacado el GM se ubicaba en Múnich capital, pero que lo que nosotros buscábamos era un pueblo. Entonces nos tocó coger el taxi de nuevo y llegar, esta vez sí, a la tienda donde nos esperaba el hermoso bicharraco.

Tras hacer los papeleos, y asistir con gran atención a las explicaciones (in English, of course) sobre el funcionamiento de la autocaravana, nos fuimos dirección Salzburgo donde lo que hicimos fue buscar el camping que teníamos reservado en las afueras de la ciudad para poder descansar tras el duro día vivido. Ya estábamos empezando a tener noticias visuales del bonito paisaje austríaco y nuestra alegría crecía por momentos por encontrarnos en aquellas hermosas tierras.

El día 18 amaneció con sol y nubes, y tomamos rumbo a la hermosa ciudad de Salzburgo. Allí pudimos comenzar a disfrutar del ambiente español. Aquel día se enfrentaban Grecia y España en el estadio Wals-Siezenheimer. Hicimos una larga visita de la ciudad, alternándola con momentos de cachondeo con nuestros compatriotas y por supuesto con los griegos. Lo que más nos gustó de la ciudad, aparte de su belleza arquitectónica y el hecho de estar cruzada por un río (como Sevilla, pero este no es el Guadalquivir sino el Salzach), fue la amabilidad de sus gentes y la tranquilidad que le supusimos un día normal. Se veía a los austríacos andando por la calle como si la cosa no fuera con ellos, muchos de ellos en bicicleta, y se veía poco tráfico de coches, algo siempre muy de agradecer en una ciudad. En la sede que la RFEF había instalado en esta ciudad, cuna de Mozart, pudimos hacernos, por el módico precio de 84 lerus, con entradas para asistir al fútbol por la noche.

Nos habían recomendado estar en el estadio 2 horas antes (¡como en los aeropuertos!), así que al caer la tarde dejamos la autocaravana aparcada en el centro (zona azul, cómo no) de la ciudad y nos cogimos la lanzadera al estadio. Una vez allí, tras pasar los fuertes controles de seguridad (por poco no me desnudan allí mismo), entramos al estadio donde empezamos a disfrutar del ambiente de un partido de la Eurocopa:

El partido no fue gran cosa, básicamente porque los griegos estaban fuera y España ya estaba clasificada. Afortunadamente los goles de De La Red y Güiza remontaron el tanto inicial de Charisteas y pudimos irnos a dormir habiendo vivido en directo un triunfo de la selección.

El 19 de Junio fuimos a los alrededores de Salzburgo. Lo primero que hicimos fue visitar en el bonito pueblo de Werfen las grutas de hielo más grandes del mundo, donde pasamos un frío que pela. A mí se me olvidó la bufanda y fue allí donde empecé a incubar el resfriado con el que me volví a España y que me costó horrores quitarme de encima. Para llegar a las grutas tuvimos que hacer algo de senderismo, y cuesta arriba. He aquí algunas instantáneas de aquellos momentos:

Ya por la tarde, fuimos a visitar un hermosísimo castillo medieval que había cerca de las rutas, al que llegamos también haciendo bastante senderismo. Una vez terminado de visitar el castillo, tocó buscar alojamiento para aquella noche. Tuvimos mucha suerte de encontrar al lado de uno de los muchos lagos que hay por la zona un hermoso camping que además estaba al lado de un pueblo chulísimo. Hicimos una visita al mismo, donde como anécdota decir que nos encontramos en el hogar del jubilado una fiesta de mayores donde en ese momento bailaban la famosa canción de Los Pajaritos de María Jesús y su acordeón. El pueblo merecía bastante la pena, era de juguete, uno de los lugares más idílicos que había visto en mi vida. Dimos con una tasca donde nos tomamos unas birras mientras veíamos el Alemania-Portugal. Con una enorme alegría en el cuerpo volvimos a la autocaravana, donde nos pusimos a dormir para coger fuerzas para el día siguiente. Antes de seguir con el relato, aquí van algunas fotos del camping donde pasamos la noche:

El día 20 de Junio continuamos disfrutando de los alrededores de Salzburgo, en esta ocasión la temática fueron los numerosos lagos que hay cerca de la ciudad, donde suelen ubicarse bonitos pueblos donde esta gente veranea. Elegimos pasar la mañana en el pueblecito de Saint Gilgen, donde además de visitarlo (otro pueblecito de juguete precioso) nos dimos un baño en el lago. De aquí recordaré siempre la conversación que tuve con Álvaro. Mientras nos recreábamos en el paisaje que teníamos delante, con aquel lago rodeado de montañas, decíamos que si este paisaje hubiese estado en España seguramente las orillas del lago se habrían llenado de bloques de pisos de 20 plantas cada uno. Y es que mientras los austriacos respetan y defienden con enorme celo lo suyo, los españoles sólo queremos dar pelotazo tras pelotazo y no nos preocupamos de las desastrosas consecuencias ecológicas que tiene nuestra especulación inmobiliaria. A saber cómo habría sobrevivido aquel paisaje si los austriacos hubiesen especulado con él. Es la educación de un país y la del otro lo que marca la diferencia sin duda. Por la tarde continuamos viendo lagos y Álvaro y Diego se dieron un baño más. Fue un día bastante relajado, y es que no debíamos olvidar que estábamos en verano. Fue un buen descanso para los dos agitados días anteriores.

El día 21 de Junio ya teníamos en la cabeza el viaje a Viena. Dedicamos la mañana a apurar el hermoso paisaje de la región de Salzburgo y ya por la tarde cogimos carretera en dirección Este, para llegar a Viena. Antes de adentrarnos en la capital de Austria, hicimos una breve parada en Bratislava, donde poco vimos más allá del coqueto castillo que domina la ciudad eslovaca. Se notaba el esfuerzo que están haciendo por aparecer en los paquetes de viajes junto a las clásicas Viena, Praga y Budapest pero de momento les queda mucho por andar. No pasaba de ser una ciudad de corte industrial, bastante gris, y a la que se le notaba su pasado comunista. Cuando llegamos a Viena buscamos camping para quedarnos y una vez instalados nos fuimos a la ciudad a empezar a disfrutarla. Había mucho ambiente y fuimos a ver el Holanda-Rusia en pantalla gigante. Una vez terminado el partido nos tomamos unas copichuelas por el centro y nos volvimos en metro al camping para descansar antes del gran día. Aquí las primeras instantáneas de Viena:

El día 22 nos levantamos con la enorme esperanza de vivir un día histórico. Nos enfundamos nuestras camisetas y fuimos hacia Viena, donde ya sus calles habían sido tomadas por la marea roja. Los reyes de la fiesta eran sin duda Manolo el del Bombo y su charanga, tras los cuales iba una auténtica riada de gente. Españoles, italianos, rusos, turcos, austriacos, algún que otro alemán… todos estaban juntos en aquel fiestón en el centro de Viena. La música no paraba y sólo se cantaba, bailaba y más de una cerveza corría por la fiesta. Nos surgió la oportunidad de ir al Práter a ver el partido, yo no estaba muy convencido pues temía que nos colocaran entradas falsas, afortunadamente Bari y Diego me convencieron para desembolsar los 90 € de lo que más tarde sería nuestro pasaje a la gloria. Fuimos a comer a la autocaravana y después visitamos la fanzone donde españoles e italianos se empezaban a concentrar. Quedando dos horas para el partido tomamos el metro y en un ratillo nos plantamos en el estadio. Tras pasar los controles de seguridad contuvimos la respiración a la hora de pasar los tornos de entrada al estadio. Salió cara y las entradas eran auténticas. Ya estábamos en el estadio y lo que pasó después todos lo sabemos. Algunas fotos:

Antes del partido:

Show previo al partido:

Antes de empezar la prórroga:

Y aquí los seleccionadores estaban eligiendo los jugadores para tirar los penaltis:

Finalmente salió cara y podemos decir que estuvimos detrás de la portería donde España por fin superó unos cuartos de final y ante su bestia negra: Italia.

El resto del viaje casi que no merece la pena ni contarlo: tuvimos que pasarnos la noche viajando de Viena a Munich para devolver la autocaravana. Durante el viaje nos cayó una enorme tormenta y finalmente pudimos estar en Madrid a mediodía donde un día bochornoso nos recordó el calor que hace en nuestro país.

El resto del día podéis imaginar lo que hice yo… echarme una siesta que bien que me la había ganado. En resumidas cuentas, un viaje histórico e inolvidable que hace que nuestra peña pueda decir que estuvo presente en la Eurocopa donde España por fin nos dio una alegría.

Visista a Trujillo

Nuestra visita a Trujillo comenzó el sábado de mañana, para alguno quizá demasiado temprano, un buen desayuno en Santa Eulalia y listos para ver la cuna de Pizarro.

 

Y como la hora no era como para estar mucho en la calle, fuimos hacer un poco de visita cultural, de la gastronómica, por supuesto. Entramos primero en el Burladero, que a parte de las tapitas que nos pusieron, degustamos alguna de las tostas que no estaban nada mal. Haciendo ruta nos fuimos a la Troya, en el que sus paredes estaban colgadas muchas fotos de la dueña con famosos (lo curioso es que la señora siempre aparecía igual de mayor…). Aqui nos tomamos la típica moraga de la zona y unas no tan usuales de la zona, gambas a la plancha. Para digerir un poco nos tomamos un rua vieja, del que alguno es tan aficionado.

Por la tarde, aprovechando el calor, nos fuimos a Cáceres, recorriendo su centro histórico con una muestra del Renacimiento y de la Edad Media, únicos. Pasamos por la Torre Bujaco, el Arco de la Estrella, la Concatedral de Santa María, San Francisco Javier, etc.

Algunos no dudaron en hacerse una foto en una plaza muy entrañable para él.

Después de ir a misa y tomarnos una cervecita, nos fuimos, algo cansado de todo el día, a Trujillo. Una ducha y nos acercamos a la plaza, donde nos sentamos en una terracita muy agradable a cenar, el principio de la noche…

Como no podía ser de otra forma terminamos en “La Abadía”, un sitio que me sorprendió por lo bien que está. Una discoteca con dos plantas, techos de madera, peceras (ya subiré el video de la conversación de Ignacio con los peces) y sobre todo de la terraza, con vista a un castillo iluminado, su barra hexagona, sus mesas y sillas de mimbre en un cesped muy cuidado, en definitiva, un lujo. Ya os podeis imaginar lo demás. Os dejo una foto (de messenger) que dice un poco como fue la noche.

Poco más que contar, al día siguiente nos levantamos pensando ya en la partida, antes dimos una vuelta por el Mirador de la Monjas y el Parador. En definitiva, un fin de semana que nos lo hemos pasado muy bien, habrá que repetirlo.

Pd: ¡Por una mesa de camilla libre!

Pasillos

 

Hoy he escrito este texto para otro blog; pero me ha parecido interesante. Así que decido ponerlo a vuestra disposición para recibir vuestras siempre bienvenidas críticas y ninguna alabanza. Aunque la mereceiera (que no es el caso), prefiero el silencio, que es más humilde y hace a quien lo recibe más humilde aún. Tan tontos somos los hombres que con una frase elogiosa nos engallamos y nos creemos cosas que no somos ni tenemos derecho a pensar. El texto empieza así:

 

Voy a intentar emular a mi maestro Miguel Olmedo, en la senda que ha emprendido por el pasillo que nos ha abierto Fernando Miró. Y lo hago, no sin antes considerar lo sorprendente que me pareció la iniciativa de este blog, cuando recibí un correo en la cuenta de la Universidad de Granada. Estoy sorprendido porque me parece tiene la humanidad, la sencillez y la gracia de lo que no se espera.

 

Me animo a escribir porque me identifiqué totalmente con el título del blog: historias de pasillos. Mi historia es corta y con poca sustancia, comparada con el retrato humano y científico que hace Miguel del Profesor Jescheck. Me ha impresionado hondamente conocer la situación declinante de su vida; y mucho más la reflexiones sobre la eternidad científica. En esto disiento de mi maestro: creo sinceramente que la muerte borra implacablemente todo vestigio del ser humano y su obra. Se enriquece la humanidad, sin duda, pero el olvido es el patrimonio más propio (y más mezquino) del hombre. De ahí que, por lo menos a mi, me parezca que el anhelo de eternidad discurra por otros “pasillos” más metafísicos, más incomprendidos y, hoy, menos transitados.

 

Escribir en el despacho ocupado (terrible k…) en el Departamento, un 5 de agosto (fiesta en Almagro: la Virgen de las Nieves, nuestra patrona), con una temperatura media que ha rondado los 41 grados todos estos días, puede dar idea de las ocupaciones que uno tiene entre manos: la tesis. Nunca pude imaginar que un texto pudiera convertirse en una obsesión. Y mucho menos que fuera una empresa tan enrevesada. Redacto estas notas ahora, justo después de enviar el primer texto a mi Director, del quien espero lo que sé que me dará: rigor científico y sabios consejos. Un rigor y unos consejos que, a Dios pido, no demoren el depósito de este hermoso “tocho” más allá del mes de noviembre: frío y nieblas del otoño entrado en invierno, Todos los Santos, huesos y buñuelos… qué sensación tan extraña me produce esta relación, cuando me asomo por la ventana y veo la tarde granadina, mustia y pesada del calor; pero pletórica de vida, con esta torre miedosa de San Justo y Pastor y la altanera Alhambra, allá a lo lejos, dominando la Vega de Granada.

 

Decía que me siento identificado con los pasillos porque, para terminar este primer texto, son muchos los días de agosto (y algunos de julio, por qué no decirlo) en que he paseado por la Facultad de Derecho, esta vetusta casa, en la más absoluta soledad, discurriendo por galería y pasillos, sin más compañía que mi sombra, los cipreses del Patio Hinojosa, palomas revoltosa muertas de calor y el Padre Suárez, mancillado como siempre por los hijos de este tiempo, que en vez de leer sus obras se dedican a ensuciar la base y hasta la estatua de su persona. Ese ir y venir por los pasillos, me ha hecho descubrir la belleza de los cristales antiguos que tienen todavía muchas de las ventanas de la Facultad. Cristales que devuelven una imagen distinta de lo que a través de ellos se ve, en función del lugar desde el que se contempla. Una belleza que el cristal moderno, con su perfección, ha matado en pos de la claridad y la eugenesia vítrea.

 

Estas reflexiones quieren ser, simplemente, una contribución a un blog estupendo y un entretenimiento para quien las lea. Pero sin que se me pase por alto señalar que se me quedan grabados en la memoria los detalles de esa belleza oculta, aún en las cosas más anodinas e incluso imperfectas, que el hombre crea con su alma y con sus manos.

 

Luis Aparicio Díaz