Pasillos

 

Hoy he escrito este texto para otro blog; pero me ha parecido interesante. Así que decido ponerlo a vuestra disposición para recibir vuestras siempre bienvenidas críticas y ninguna alabanza. Aunque la mereceiera (que no es el caso), prefiero el silencio, que es más humilde y hace a quien lo recibe más humilde aún. Tan tontos somos los hombres que con una frase elogiosa nos engallamos y nos creemos cosas que no somos ni tenemos derecho a pensar. El texto empieza así:

 

Voy a intentar emular a mi maestro Miguel Olmedo, en la senda que ha emprendido por el pasillo que nos ha abierto Fernando Miró. Y lo hago, no sin antes considerar lo sorprendente que me pareció la iniciativa de este blog, cuando recibí un correo en la cuenta de la Universidad de Granada. Estoy sorprendido porque me parece tiene la humanidad, la sencillez y la gracia de lo que no se espera.

 

Me animo a escribir porque me identifiqué totalmente con el título del blog: historias de pasillos. Mi historia es corta y con poca sustancia, comparada con el retrato humano y científico que hace Miguel del Profesor Jescheck. Me ha impresionado hondamente conocer la situación declinante de su vida; y mucho más la reflexiones sobre la eternidad científica. En esto disiento de mi maestro: creo sinceramente que la muerte borra implacablemente todo vestigio del ser humano y su obra. Se enriquece la humanidad, sin duda, pero el olvido es el patrimonio más propio (y más mezquino) del hombre. De ahí que, por lo menos a mi, me parezca que el anhelo de eternidad discurra por otros “pasillos” más metafísicos, más incomprendidos y, hoy, menos transitados.

 

Escribir en el despacho ocupado (terrible k…) en el Departamento, un 5 de agosto (fiesta en Almagro: la Virgen de las Nieves, nuestra patrona), con una temperatura media que ha rondado los 41 grados todos estos días, puede dar idea de las ocupaciones que uno tiene entre manos: la tesis. Nunca pude imaginar que un texto pudiera convertirse en una obsesión. Y mucho menos que fuera una empresa tan enrevesada. Redacto estas notas ahora, justo después de enviar el primer texto a mi Director, del quien espero lo que sé que me dará: rigor científico y sabios consejos. Un rigor y unos consejos que, a Dios pido, no demoren el depósito de este hermoso “tocho” más allá del mes de noviembre: frío y nieblas del otoño entrado en invierno, Todos los Santos, huesos y buñuelos… qué sensación tan extraña me produce esta relación, cuando me asomo por la ventana y veo la tarde granadina, mustia y pesada del calor; pero pletórica de vida, con esta torre miedosa de San Justo y Pastor y la altanera Alhambra, allá a lo lejos, dominando la Vega de Granada.

 

Decía que me siento identificado con los pasillos porque, para terminar este primer texto, son muchos los días de agosto (y algunos de julio, por qué no decirlo) en que he paseado por la Facultad de Derecho, esta vetusta casa, en la más absoluta soledad, discurriendo por galería y pasillos, sin más compañía que mi sombra, los cipreses del Patio Hinojosa, palomas revoltosa muertas de calor y el Padre Suárez, mancillado como siempre por los hijos de este tiempo, que en vez de leer sus obras se dedican a ensuciar la base y hasta la estatua de su persona. Ese ir y venir por los pasillos, me ha hecho descubrir la belleza de los cristales antiguos que tienen todavía muchas de las ventanas de la Facultad. Cristales que devuelven una imagen distinta de lo que a través de ellos se ve, en función del lugar desde el que se contempla. Una belleza que el cristal moderno, con su perfección, ha matado en pos de la claridad y la eugenesia vítrea.

 

Estas reflexiones quieren ser, simplemente, una contribución a un blog estupendo y un entretenimiento para quien las lea. Pero sin que se me pase por alto señalar que se me quedan grabados en la memoria los detalles de esa belleza oculta, aún en las cosas más anodinas e incluso imperfectas, que el hombre crea con su alma y con sus manos.

 

Luis Aparicio Díaz

 

 

Noche de concierto

Anoche, como fue informado en el blog oficial, asistimos a los conciertos que tienen lugar en los jardines del alcázar de Sevilla

Nos presentamos en la puerta esperando que alguna de las entradas reservadas no fueran recogidas y de esa forma entrar a una noche muy agradable.

Un paseo por los distintos jardines, entre los que destaacan, el de los poetas, el de la Cruz o Jardín del Laberinto (¿quien no ha jugado alguna vez dentro…?), el del Marqués de Vega Inclán, etc. poder tomar un aperitivo rodeado de exóticos animales, embriagados por los perfumes de jazmín y arrayán, y tomando esos pedazos de montaitos de carne mechá con salmorejo (el pato también comió).

El concierto fue junto al Cenador de la Alcoba, también llamado Pabellón de Carlos V, en un encuentro único (eso decía er nota) entre el piano y la viola da gamba, un instrumento del siglo XVIII.

A algunos nos entró sueño, otros se lo pasaron en grande, otros recordando “casablanca”, y alguno que estaba sembrao…

En fin, una buena experiencia, que porque no, se podría repetir en semana venideras.

Bogando a la deriva

Bogando a la deriva

Paso por las galerías desiertas,
llenas de cristales limpios.
Yo las miro y las miro,
pero no me traen de vuelta
más que del sol sus brillos;
si acaso, alguna figura yerta.

¿Será que voy a la deriva
como un barco en la mar?
Boga, boga con alegría:
que a ningún puerto ha de arribar.

Y luego paso por las calles,
Benditas iglesias y divinas plazas.
En el suelo caídas las naranjas
las piedras lamen y almibaran,
con su lengua de acibar amarga.
Pero, al fin, ¿a quién le ha de importar?

A nadie.
A nadie le importa ya,
que las olas no tengan agua,
que las mareas estén vacías,
que los peces mueran de hastío
en la inmensa soledad del mar.

¿Qué más dará?
El barco a la deriva,
aunque bogue toda la vida,
a la deriva va.

Luis Aparicio Díaz

¿Quién se ha llevado mi queso?

Después de “Los 7 hábitos” traigo un libro, muy recomendable, que en su día fue muy conocido entre los grandes empresarios y poco después se convirtió en nº1 de ventas en las grandes librerías. Un libro con enseñanzas para las actividades empresariales o aplicables a la vida misma.

Una fábula en busca del queso de nuestra vida, la busqueda de nuestros objetivos, la superación de nuestros miedos y por supuesto el mantenimiento de estos.

Os dejo un video de “la película”:

Escuela pública de Golf

Ha nacido una iniciativa de la Junta de Andalucía para hacer más accesible el golf y para difundir un deporte que se considera elistista.

Se ha creado un campo de 9 hoyos junto al parque del Alamillo, en el que existe una  zona de prácticas que ocupa una extensión de 6.000 metros cuadrados y se compone de 84 puestos de ‘tees’; un área de ‘putting green’, destinada a la práctica del golpe de ‘putt’; y una zona de ‘chipping green’, para golpes de ‘approach’ y salidas de ‘bunkers’. A parte de la zona destinada al golf, existe una zona destinada al padel con 10 pistas de metraquilato.

Para iniciarse en este deporte se han organizado unas clases a un buen precio, en próximos posts os dejaré la información completa, mientras os dejo este enlace para que veais la noticia:

http://www.juntadeandalucia.es/servicios/noticias/detalle/162707.html

Pregón de Pregones

Aunque muchos dirían que no es época para hablar de pregones, hoy traigo la voz del que para mucho es el mejor pregonero de la historia de Sevilla, Antonio Rodríguez Buzón.

Escucharlo nos lleva a otra época, a otro tipo de pregones, de narradores, de imagenes…

Otro día dejaré el pregón entero.

“La negación de la responsabilidad”

articulo de Ignacio Sanchez Cámara en la gaceta de los negocios,

jueves 27 de marzo de 2008

Cuenta Arthur Koestler en sus memorias una conversación con Sigmund Freud, viejo y exiliado en Londres. El autor de El cero y el infinito comentó no sé qué perogrullada sobre los nazis. El fundador del psicoanálisis se quedó pensando un instante, mirando con ojos ausentes los árboles a través de la ventana, y luego afirmó, de manera vacilante: “Pues, como usted sabe, están desatando la agresividad que se hallaba reprimida en nuestra civilización. Era inevitable que tarde o temprano ocurriera algo semejante”. Y concluyó con estas enormes palabras: “No estoy seguro de que, desde mi punto de vista, pueda censurarlos”.

Los debates morales actuales no enfrentan a dos o más concepciones alternativas de la persona. En ellos se oponen quienes, respectivamente, afirman o niegan la condición personal del hombre. No existe acontecimiento comparable a este proceso, que ya dura varios siglos, de negación de la realidad personal. Ni tampoco hay otro que produzca tan fatales consecuencias. Detrás de cada uno de los males que padecemos, oculta su rostro esta negación injustificada e injustificable de la libertad y de la responsabilidad del hombre por sus actos.

No deja de ser paradójico, aunque sea más razonable y natural, que justo cuando la soberbia humana conduce a la negación de Dios, se produzca no una exaltación de lo humano, sino su más brutal degradación, el descenso imparable en la escala zoológica. Y no faltan quienes aplauden y alientan todos los intentos de rebajar al hombre por debajo incluso del umbral de la animalidad.

Tampoco puede extrañarse que entonces se produzca la cosificación del hombre, su consideración como mera mercancía. Así, se regocijan ante todos los golpes infligidos a la dignidad humana, ya sean reales o ficticios, verdaderos o falsos: Copérnico, Darwin, Marx, Nietzsche, Freud. Desde luego, no cabe negar que sienten nostalgia del animal ancestral. Su visión del hombre no es sino la proyección de su propio ser. Pretenden hablar del hombre pero sólo hablan de sí mismos.

La responsabilidad puede ser escamoteada por muchos motivos: el deseo irreprimible de caminar “a cuatro patas” ingresando en una confortable barbarie que algunos confunden con el paraíso perdido; el alivio de la angustia de sentirse libre y responsable de sus actos; la mera ignorancia; o el resentimiento que dictamina que el sabio y el ignorante, el bueno y el malo, valen lo mismo, ya que no existe ni libertad, ni mérito, ni culpa, ni responsabilidad, sino la más perfecta y absoluta igualdad.

Si todos somos puros mecanismos, entonces todos somos iguales. Nada daña a algunos tanto ni los deslumbra hasta la ceguera como la luz de la verdad. Es posible que no seamos absolutamente responsables de todo lo que hacemos, pero somos absolutamente responsables de lo que queremos. Freud era perfectamente coherente al dudar de que, “desde su punto de vista” pudiera censurar a los nazis.

Sus ideas se lo impedían. Desde luego, exhibió la mayor honradez intelectual. Si somos la obra ciega de pulsiones inconscientes y vivimos bajo el poder de dos tiranos, Eros y Tanatos, no queda hueco para la responsabilidad. El problema era quizá su punto de vista. Pero somos libres y responsables en una medida mucho mayor de la que usualmente se admite. Aunque, pese a ello, quizá nunca debamos juzgar a otro, si es cierto que toda subjetividad es maravillosa y sagrada, aunque sí sus acciones. Somos responsables, pero no jueces. Entonces, Freud habría expresado, aunque por motivos erróneos, una profunda verdad.